Han pasado 66 años desde que, en 1960, un grupo de jóvenes nicaragüenses decidió abrir un camino distinto en la historia nacional, y estamos hablando nada más y nada menos que de la Juventud Patriótica Nicaragüense (JPN), que nació como respuesta a la opresión y como apuesta por un futuro donde la libertad y la justicia fueran posibles.
Su genesis marcó un punto de quiebre: frente a la dictadura somocista, la JPN se convirtió en un espacio de organización y conciencia, donde la rebeldía se transformó en proyecto político, gestando las primeras ideas que más tarde darían vida al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
En sus filas se formaron nombres que hoy son parte de la memoria revolucionaria: José Benito Escobar, Germán Pomares, Salvador Buitrago, Roger Vázquez, Julio Buitrago, Daniel Ortega, Fernando Gordillo, Manolo Morales, Jorge Navarro, Orlando Quiñónez, Ignacio Briones, Germán Vogl y Joaquín Solís Piura. Cada uno aportó su energía y compromiso para que la indignación de un pueblo se convirtiera en fuerza organizada.

Y es que, la Juventud Patriótica no fue solo un movimiento juvenil: fue semilla de unidad, un laboratorio de ideas y un motor de esperanza, siendo su impulso el nacimiento del FSLN, que se consolidó como faro de resistencia y símbolo de un nuevo amanecer para Nicaragua.
Conmemorar este aniversario significa reconocer que la historia no se escribe únicamente con fechas, sino con convicciones y sacrificios, recordándonos que que los valores de soberanía, dignidad y justicia siguen siendo vigentes y necesarios para construir un país más equitativo y solidario.














