No solo se recuerda al combatiente audaz, sino al hombre que la historia bautizó como el “Apóstol de la Unidad”, Comandante Camilo Ortega Saavedra, quien se empeñó incansablemente por mantener cohesionadas las distintas tendencias dentro del FSLN en tiempos de diferencias internas. Creía profundamente que solo la unidad garantizaría el triunfo y el tiempo le dio la razón.
Nacido en Managua el 13 de diciembre de 1950 en una familia humilde, donde la conciencia social era parte de la vida cotidiana. Desde niño mostró un carácter afable y fraterno, además de un interés por la literatura, siempre fue considerado “rebelde” por oponerse a medidas represivas del colegio o por verse involucrado en actividades de agitación, pero de gran significado histórico y revolucionario para él.
En 1966 dio un paso decisivo al integrarse a las movilizaciones del Frente Estudiantil Revolucionario (FER), denunciando abiertamente a la dictadura. Poco después, junto a compañeros como Jorge Guerrero y Selim Shible, asumió la responsabilidad de crear los Comandos Armados Sandinistas, impulsando acciones de guerrilla urbana en momentos en que la represión pretendía sofocar toda esperanza de libertad.

Apenas con 18 años ya destacaba dentro del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Su madurez política se reflejó como director y editor de la revista “Adelante”, donde su pensamiento ideológico revelaba claridad estratégica y firmeza revolucionaria.
En 1969 ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en León, donde compartió luchas y sueños con referentes históricos como Leonel Rugama, Omar Cabezas, Juan José Quezada y Edgard Munguía. Desde allí editó el periódico “El Universitario”, organizó círculos de estudio, planificó acciones y elaboró él mismo cocteles molotov, además se dedicó de lleno al trabajo propagandístico, convencido de que la conciencia era el primer territorio a liberar.

Un año más tarde reconstruyó el grupo Praxis, integrado por jóvenes intelectuales revolucionarios que promovían el arte y la reflexión política como herramientas de transformación. Publicaron revistas, organizaron exposiciones y realizaron actividades culturales en el exterior para recaudar fondos destinados al Comité de Reos Políticos.
En 1972 viajó a Cuba para recibir preparación político-militar. Allí fortaleció su formación y su vínculo con el fundador del FSLN, Carlos Fonseca Amador, consolidando su convicción de que la unidad estratégica era el camino. Tres años después regresó a Nicaragua y se trasladó a Masaya, donde desplegó una labor organizativa decisiva. Extendió su trabajo político a Granada, Carazo y Rivas, siendo pieza clave en la organización de la insurrección de Masaya en octubre de 1977 y en la toma de Granada el 2 febrero de 1978.



El 26 de febrero de 1978, en una casa de seguridad en Los Sabogales, Masaya, cayó combatiendo heroicamente junto a Rito Moisés Rivera y Arnoldo Quant, enfrentando a la Guardia Nacional, tenía apenas 27 años, convirtiéndose así en símbolo de coherencia, valentía y visión estratégica.
Hoy se reconoce su legado en el llamado a la unidad para defender la paz, la autodeterminación y las rutas de avance y prosperidad que se han otorgado al pueblo nicaragüense, los derechos que solo fueron y siguen siendo restituidos por un gobierno comprometido con la historia y la revolución.













